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No estudié hidroponía. La aprendí matando plantas. Ocho años, varias mudanzas y un montón de frascos en el alféizar me llevaron a entender de verdad cómo funciona esto. Empecé en pandemia, sola, en un monoambiente de Rosario, el día que se me secó el último potus y pensé que no era capaz ni de mantener viva una planta. Puse una lechuga en un frasco con agua, casi de bronca. Esa lechuga creció. Y algo en mí también. No paré más.
Lo que sé no salió de un curso: salió del cuaderno de mi nona Angela. Piamontesa, manos de tierra, cultivaba en el patio y anotaba cada siembra en un cuaderno Gloria de tapa azul —qué plantar, en qué mes, con qué luna—. Cuando ella ya no estuvo, me quedé con ese cuaderno. Y me propuse algo medio loco: probar sus apuntes de tierra, pero sin tierra, en agua, en mi ventana. A veces la nona tenía toda la razón. A veces le ganaba el agua. De ese ida y vuelta entre lo que ella sabía y lo que yo pruebo nació todo lo que comparto acá.
Acá no vas a encontrar cosechas de revista ni promesas fáciles. Vas a encontrar lo que de verdad me funcionó, lo que me salió mal y cuánto me costó en pesos. Cuando tiro un dato, lo respaldo en fuentes serias —INTA, FAO— y te lo aclaro. Lo demás es mi experiencia, contada como es: sin vueltas.
🌱 En lo que creo
- No te falta espacio, te sobran excusas.
- Más vale una lechuga que cosechás que diez que abandonás.
- Alquilar no es excusa para no tener algo vivo en casa.
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Florencia Bertolone es una voz editorial de AquaRaíz. Sus contenidos se elaboran con asistencia de IA y se basan en saberes de cultivo reales y fuentes verificables.