Arranqué con una lechuga en un frasco en plena pandemia, en un monoambiente donde el único verde era el potus que se me había muerto la semana anterior. Esa lechuga me devolvió algo que ni sabía que había perdido. Por eso, cuando leí el informe de Tiempo Argentino que dice que casi el 5% de los hogares argentinos tiene una huerta o cría de animales para consumo, no me sorprendió. Lo que me preocupó fue el resto: están en riesgo por la falta de apoyo.
Cinco de cada cien casas. No es una locura, pero tampoco es nada. Son familias que, como yo, encontraron en un balcón, un patio o una ventana una forma de tener algo vivo, algo que crece y que podés comer. Pero sin políticas que lo sostengan, sin semillas accesibles, sin tierra o sustrato a precio razonable, esa huerta se vuelve un lujo que se abandona.
Lo que dice el informe y lo que veo desde acá
El dato es de Tiempo Argentino, del 18 de agosto de 2025. Casi el 5% de los hogares argentinos tiene una huerta o un espacio de cría de animales para el consumo. Y están en riesgo por la falta de… bueno, de todo un poco. Apoyo estatal, programas de capacitación, acceso a insumos. No es que la gente no quiera: es que arrancar una huerta cuesta plata y sostenerla, tiempo y conocimiento. Y si no tenés un respaldo, cuando se te muere la primera lechuga, pensás que no servís y la dejás.
Yo misma, cuando empecé, maté como diez lechugas antes de que una sobreviviera. Si no hubiera tenido el cuaderno azul de mi nona Angela con sus anotaciones de siembra, y la terquedad de no querer rendirme, hoy no estaría escribiendo esto. Pero no todo el mundo tiene una nona con 70 años de experiencia ni la paciencia para aprender a fuerza de errores.
Ahí está el problema: la huerta urbana no es una moda, es una necesidad. Pero sin apoyo, se convierte en un privilegio. Y eso no debería pasar.
¿Qué se puede hacer desde una ventana?
Mirá, no te voy a vender la moto de que necesitás un invernadero de revista ni un kit carísimo. Lo que entra en una ventana alcanza. En mi dos ambientes alquilado de Rosario, sin balcón, cultivo en hidroponía hace ocho años. Una ventana al norte vale más que un balcón al sur, y con un par de frascos, un poco de agua y nutrientes, podés tener lechuga, albahaca (la mía se llama Norma) y hasta rabanitos.
Si querés arrancar, no compres nada que no sea un frasco de vidrio, una semilla y un poco de agua. Acá te cuento lo que de verdad entra en una ventana. Y si te va mejor con tierra, buscá un programa como el Huerta Urbana Bonaerense 2025, que reemplazó a ProHuerta y al menos intenta bancar a los que arrancan.
Lo que no banco
No banco que te vendan huertas de revista con fotos imposibles. No banco los kits de 50 lucas que te prometen una cosecha en dos semanas y después te das cuenta que necesitás un medidor de pH, un timer y un curso de química. Eso frustra y hace abandonar.
Banco que arranques con lo que tenés. Un frasco de dulce, un esqueje que te regaló una amiga, una semilla de un tomate que compraste en la feria. No te falta espacio, te falta arrancar.
FAQ: lo que siempre preguntan
¿Vale la pena arrancar una huerta urbana si alquilo?
Sí, re vale. Alquilar no es excusa para no tener algo vivo en casa. Yo cultivo en un dos ambientes alquilado desde hace ocho años. Lo único que necesitás es una ventana que reciba luz y ganas de cuidar algo.
¿Qué es más fácil, hidroponía o tierra?
Depende de tu espacio y tu tiempo. La tierra es más barata al principio, pero la hidroponía te da más control y menos bichos. Si tenés una ventana chica, probá con hidroponía: no necesitás tierra, no ensucia y las plantas crecen más rápido.
¿Cuánto tiempo lleva mantener una huerta en casa?
Con 10 minutos por día alcanza. Revisar el agua, ver si hay plagas, cosechar lo que esté listo. No es un trabajo de tiempo completo, es un ritual. Como tomar mate al lado de la pava eléctrica mientras medís el pH.
¿Qué hago si se me muere la primera planta?
Bienvenida, así aprendí yo. No pasa nada. Agarrá otro frasco, poné otra semilla y fijate qué falló. Si se te muere, no significa que no servís, significa que esa planta no era para tu ventana. Probá con otra.
¿Dónde consigo semillas baratas?
En viveros de barrio, ferias de intercambio o guardando semillas de los tomates que comés. No hace falta comprar sobres importados. Las semillas de la nona, rotuladas a mano en una caja de lata, funcionan igual o mejor.
El dato de Tiempo Argentino me dejó pensando. Casi el 5% de los hogares argentinos ya tiene una huerta. Son miles de personas que encontraron en un balcón o una ventana un refugio alimentario. Pero sin apoyo, ese refugio se puede derrumbar. No hace falta que el Estado te regale un invernadero, pero sí que haya programas accesibles, capacitación y semillas a precio justo.
Mientras tanto, arrancá esta semana con un frasco. Una lechuga. Una ventana. No te falta espacio, te falta arrancar. 🌱
Cada casa tiene su luz; tomá esto como guía y mirá cómo responden tus plantas antes de escalar.
Cultiva en un depto alquilado de Rosario, sin balcon. Espacios chicos, mucho verde. Aprendio del cuaderno de su nona.
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