La semana pasada me llegó una noticia que me hizo sonreír con el mate en la mano. Resulta que en San Juan, Glencore Pachón puso en marcha un programa de huertas hidropónicas en 17 escuelas primarias. Barreal, Villa Calingasta, Tamberías. Pibes de 6 a 12 años aprendiendo a cultivar sin tierra, con agua y nutrientes. Y yo, acá en Rosario, pegué un salto en la silla y pensé: “esto es justo lo que necesitamos”.
Porque mirá, cuando arranqué con la hidroponía en mi monoambiente de pandemia, lo último que pensaba era que algún día iba a ver una noticia así. Pero acá está. Y no es un programa pedorro de poner una macetita y listo. No. Son módulos con capacidad para hasta 28 plantas cada uno, con talleres teórico-prácticos y kits completos. La consultora Amaltea da la asistencia técnica. Y lo mejor: según la misma nota de Minería y Desarrollo, la hidroponía consume hasta 90% menos agua que los métodos tradicionales. En San Juan, que es puro sol y sequía, eso no es un dato menor.
¿Por qué me parece tan importante esto?
Porque cuando un pibe de 8 años ve que una lechuga crece en un caño de PVC con agua y unas gotitas de solución nutritiva, algo se le prende. Se da cuenta de que la comida no viene del supermercado. Y encima, aprende que se puede cultivar en cualquier lado: en un aula, en un pasillo, en una ventana. Como hago yo. Como podés hacer vos.
Yo siempre digo: en un departamento chico también se puede. Y estas escuelas lo están demostrando a lo grande. No necesitás un campo, no necesitás tierra fértil, no necesitás ni siquiera un balcón. Con un par de botellas, una solución de nutrientes y un poco de paciencia, arrancás.
¿Cómo se imaginan que funciona una huerta así en una escuela?
Te cuento lo que deduzco por cómo está armado el programa, que es parecido a lo que hago en casa. Los módulos son sistemas chicos, probablemente de raíz flotante o algo similar, donde las plantas tienen las raíces metidas en agua con nutrientes. En 17 escuelas, imaginate la cantidad de lechugas, albahacas, quizás hasta frutillas que van a cosechar. Y lo mejor: los pibes se llevan el conocimiento a la casa. Le piden a la mamá un frasco, ponen una lechuga, y ya está. Se armó el círculo virtuoso.
Si vos querés hacer algo parecido pero en chiquito, con botellas descartables PET podés armar tu primera huerta. Es re fácil, no te da miedo. Yo arranqué así, con una botella de Coca-Cola cortada al medio y una lechuga que me duró dos meses.
FAQ: lo que seguro te estás preguntando
¿Qué tipo de plantas cultivan en las escuelas de San Juan?
Según la nota de Minería y Desarrollo, el programa incluye módulos para cultivo de hasta 28 plantas. No especifica cuáles, pero en general en proyectos escolares se arranca con lechuga, albahaca, acelga, cosas de ciclo corto que los pibes vean resultados rápido. Eso engancha.
¿Cuánta agua ahorra realmente la hidroponía?
Según la misma fuente, consume hasta 90% menos agua que los métodos tradicionales. Posta. Porque el agua recircula, no se pierde por drenaje ni evaporación como en tierra. En San Juan, que es un desierto, esto es clave.
¿Necesito un kit caro para arrancar como en las escuelas?
Para nada. Las escuelas tienen módulos completos porque es un programa financiado, pero vos podés arrancar con un frasco, una lechuga y agua. El kit más barato cuesta lo que un par de cafés. No te compres nada hasta que no tengas una planta viva en casa.
¿Puedo hacer esto en un departamento sin balcón?
Sí. Yo lo hago. Necesitás una ventana que dé al norte (en el hemisferio sur) o al sur si estás en el norte. Si no tenés buena luz, podés sumar una luz LED de espectro completo, pero no es obligatorio para arrancar. Una lechuga aguanta bastante.
¿Los chicos pueden mantener solos la huerta?
Con supervisión de un adulto, sí. El programa incluye talleres teórico-prácticos, así que los pibes aprenden a medir pH, cambiar el agua, controlar plagas. Es una educación completa. Si vos querés arrancar con tus hijos, mandale mecha.
Lo que aprendí de mi nona que aplica acá
Mi nona Angela decía: “la planta se da cuenta si la querés”. Y yo al principio me reía. Pero después de ocho años matando y reviviendo plantas, te juro que es verdad. No es magia: es constancia. Es revisar el pH cada dos días, es no dejar que se seque la raíz, es hablarles aunque parezca una locura. En las escuelas de San Juan, esos pibes le van a poner ganas, y las plantas se van a dar cuenta. Eso no falla.
Así que eso. Si esta noticia te movió algo, si tenés un hijo, un sobrino, o simplemente querés ver si sos capaz de mantener viva una lechuga, arrancá esta semana con un frasco. No te falta espacio, te falta arrancar. 🌱
Cada casa tiene su luz; tomá esto como guía y mirá cómo responden tus plantas antes de escalar.
Cultiva en un depto alquilado de Rosario, sin balcon. Espacios chicos, mucho verde. Aprendio del cuaderno de su nona.
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